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Derechos humanos en el nuevo gobierno
Por: RAÚL OLIVERA
Friday, Dec. 10, 2004 at 4:05 AM
Decir hoy que las denuncias de desapariciones serán investigadas por el futuro gobierno, en función del artículo 4º, será también decir que el nuevo gobierno hace suyas las argumentaciones sostenidas durante todos estos años por Sanguinetti, Batlle y Lacalle. Que la Ley 15.848 es lo que no es, una amnistía a todo y a todos... y que Juan Carlos Blanco fue injustamente procesado.
"Para
demostrar también, trémula pero inextinguible esperanza, que la justicia llega,
aunque las más de las veces, su camino se haga a través de las tumbas y las
ruinas". Carlos Quijano
Cuando la
asunción del primer gobierno de izquierda en el Uruguay entra en la cuenta
regresiva, la organización de Familiares de Desaparecidos no obtuvo "...un
compromiso expreso del gobierno electo respecto hasta dónde está dispuesta a
llegar la izquierda en materia de derechos humanos...".
Tiempo
atrás en una entrevista similar, el entonces presidente de la coalición de
izquierda habría manifestado -palabras más o palabras menos- que en este tema de
las desapariciones se estaba dispuesto a acompañar lo que los familiares de las
víctimas reclamaran.
Hasta
aquí, lo que ha sido la relación más reciente y conocida de quien hoy es el
futuro titular del gobierno y la organización de Familiares. Habida cuenta de
que pasadas formas de encarar esta temática contaron con acuerdos entre estas
partes, pero en el marco de otra administración, no es un dato menor. La fórmula
de la Comisión para La Paz fue larga y minuciosamente discutida entre
representantes de Vázquez, Batlle y Familiares.
La forma
que aparece registrada en la prensa, este último encuentro, pone de manifiesto
que a donde se esté dispuesto a llegar en esa problemática es más un problema
político que jurídico. La impunidad en nuestro país, más que la consecuencia
estrictamente jurídica de la ley de impunidad, ha sido el resultado de las
políticas instrumentadas desde los gobiernos blancos y colorados.
De
mantener el futuro presidente su original promesa a los Familiares, el gobierno
que se instalará el 1º de marzo deberá instrumentar políticas que afectaran la
impunidad. Y esto será así, no solo para atender a los reclamos que los
Familiares y el resto de las organizaciones de derechos humanos formularon
recientemente en el documento "A 20 años del primer gobierno democrático: las
asignaturas pendientes", sino porque lo que se haga no deberá ser consensuado
con ninguna política que históricamente haya estado comprometida con el
mantenimiento de la impunidad.
Dicho de
otra manera, el tema de las pasadas violaciones a los derechos humanos no sólo
deberá ser encarado en una coyuntura donde uno de los interlocutores ha subido
su apuesta, sino donde el gobierno futuro tiene definiciones históricas y a
nivel programático que lo alejan tanto de los alcances limitados de la Comisión
para La paz, como de aquellos contenidos en la Ley de Caducidad de la Pretensión
Punitiva del Estado.
Los
Familiares reclaman "...ir más allá de los alcances del artículo cuarto de la
ley de Caducidad, no sólo para esclarecer la situación de las personas, sino
para hallar responsabilidades".
El
documento que una Unidad Temática de la fuerza de izquierda acordó sin disensos
luego de escuchar la opinión de las organizaciones de derechos humanos y que
fuera aprobado en su último Congreso, omite toda referencia a encuadrar las
obligaciones del Poder Ejecutivo de investigar las violaciones a los derechos
humanos en el artículo 4º de la Ley de Caducidad. Es más, establece otras
obligaciones que superan el reclamo de la investigación. Esa superación está
acorde con el actual reclamo de los Familiares en el sentido de hallar
responsabilidades y sancionarlas. Es cierto que los debates que se generaron en
el Congreso "Héctor Rodríguez" (nos referimos a las argumentaciones
contrapuestas de Huidobro y Cores), opacaron el sentido estricto de lo que esa
instancia finalmente aprobó. Tanto es así que a un año de dicho congreso, una
nota de prensa de estos días dice que: "... El año pasado, la organización
(Familiares) solicitó al Frente Amplio que si accedía al gobierno, derogara
la Ley (de Caducidad). Empero, la mayoría de los grupos de la coalición
se pronunciaron a favor de mantener la norma."
Tanto una
moción particular sobre el tema aprobado, casi por unanimidad, como el documento
aprobado con las mismas características establecen que: la impunidad constituye
un obstáculo para la normalidad democrática y que el gobierno deberá adecuar la
legislación interna (Ley de Caducidad, entre otras), con sus obligaciones
emanadas de la legislación internacional. Un razonamiento dotado de lógica y
racionalidad, debería concluir que salvo que se optara por vivir en la
anormalidad democrática y renunciar a los convenios internacionales suscritos en
esta materia, se deberá terminar con la impunidad. La instrumentación de ese fin
de la impunidad está marcada por la necesidad imperativa que tiene el Uruguay
(ver Resoluciones de ONU y CIDH) de adecuar normas de derecho que apuntan a
objetivos irreconciliables. A saber: mantener la impunidad sobre delitos de lesa
humanidad o terminar con una impunidad que afecta gravemente obligaciones
contraídas por el Estado uruguayo cuando se ha sumado al concierto internacional
suscribiendo aquellos instrumentos legales creados justamente para garantizar
derechos elementales de la dignidad humana.
Lo
inadecuado, de seguir atribuyéndole al Poder Ejecutivo el deber de investigar y
esclarecer las gravísimas violaciones a los derechos humanos exclusivamente por
el imperativo de un artículo (el 4º) de una norma cuestionada
internacionalmente, no está sólo en que se estaría ignorando la existencia de
otros instrumentos más legítimos como lo son la propia Constitución y los
convenios internacionales. También se están avalando y consolidando los abusos
de poder y la arbitrariedad con que los últimos gobiernos posdictatoriales
aplicaron la Ley de Caducidad. Si al menos tres magistrados y más de un fiscal
entendieron que la inclusión de denuncias en la Ley de Caducidad debe tener una
razón clara y una explicación en el marco del derecho, es porque, como hemos
sostenido reiteradamente, no puede sumarse a la ilegalidad de sustraer a un
Poder del Estado una de sus claras competencias, que a partir de esa competencia
usurpada la misma sea usada con absoluta discriminación y arbitrariedad.
La
reciente medida del juez Mirabal, de pedirle explicaciones al ex Presidente
Sanguinetti sobre las razones de aplicación de la caducidad a la denuncia de los
asesinatos de Michelini y Gutiérrez Ruiz, va en esa dirección. Pero no
entendemos cómo esa explicación le es reclamada al que fuera titular del Poder
Ejecutivo y no al órgano ejecutivo. Menos entendemos aun, que dicha explicación
o fundamento no se haga presentando la documentación en que se fundó la
determinación. No entendemos cómo una resolución que dicta un Poder del Estado y
que afecta derechos tan esenciales a la persona humana, no es el resultado de
consideraciones y fundamentos que queden registrados en actas y expedientes.
Decir hoy
que las denuncias de desapariciones serán investigadas por el futuro gobierno,
en función del artículo 4º, será también decir que el nuevo gobierno hace suyas
las argumentaciones sostenidas durante todos estos años por Sanguinetti, Batlle
y Lacalle. Que la Ley 15.848 es lo que no es, una amnistía a todo y a todos... y
que Juan Carlos Blanco fue injustamente procesado.
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