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Marcha del silencio
by deyanira
Monday, May. 13, 2002 at 9:37 PM
una visión más personal
No sé calcular cuántas personas se dieron cita ayer, 20 de mayo, en la Marcha del Silencio, pero eran muchas. Cuadras y cuadras de gente con velas y pancartas con los rostros de seres queridos que desaparecieron sin dejar rastro. Con velas, y en silencio. Parece redundante mencionar el silencio, pues era una de las consignas: "el silencio es la voz de los que no están". Sin embargo esta ciudad está tomada por el ruido, y de la peor especie. Ese silencio que podía ser angustiante sirvió para desintoxicar un poco los oídos y así poder reflexionar mejor. Era una ocasión para pensar, y para emocionarse. Hay quien no estuvo de acuerdo con esto del silencio, alegando que el objetivo era "tapar consignas". En realidad, en una fecha así no hay consigna que valga. El peso de los hechos es tanto que nada de lo que se diga puede superarlo. Excepciones, en fin los "inadaptados de siempre", mucho ruido con las bocinas (¿no saben que está prohibido? ¿acaso no tuvieron que pasar un examen teórico para sacar la libreta de conducir?), como si la marcha fuera a apurarse porque los señores (me juego la cabeza que eran señores) están apurados: ¿No saben que cada 20 de mayo, desde hace siete años, hay una marcha que pasa por el mismo lugar, poco menos que a la misma hora? Los ruidosos, claro está, no participaban de esta manifestación. Lo único que se dijo, quitando las siempre presentes estrofas del himno, fueron los nombres de las personas en cuya memoria se realizó la marcha; luego de cada uno la multitud coreaba "¡Presente!". Se leían los nombres completos, en general dos nombres y dos apellidos, y los apellidos de casadas de aquellas mujeres que lo tenían. En otra ocasión eso me hubiera molestado, pero no ayer. Un nombre más, un lazo más. Dos apellidos significan casi siempre u n padre y una madre, esos que eligieron los nombres de pila, que trajeron al mundo a esa persona que no está. En eso pensaba yo cuando se decían los nombres, en esos bebés de carne y hueso que luego crecieron y lucharon y fueron salvajemente segados, la gran mayoría en plena juventud. No pensaba en las siluetas que por mucho tiempo representaron a l*s desaparecid*s, pensaba en las personas que habían recibido esos nombres. Pensaba en seres humanos. Otra consigna: solo banderas nacionales. No era una invitación a enarbolar la bandera bicolor, sino más bien a no llevar ninguna. Fue obedecido al pie de la letra, y la mayoría de las personas lo entendieron como yo, pues las banderas, por suerte, no abundaban. Otra vez, alguien dijo que esto atentaba contra la diversidad. Mentira. El 20 de mayo representa muchas cosas, pero el sentido último, o eso creo yo, es que no estamos allí por nosotr*s mism*s sino en nombre de esas personas retratadas en las pancartas. Es más un acto de rescate de la memoria que un pedido de justicia. Justicia, de hecho, no va a haber, porque no puede devolvérseles la vida. Que los responsables (y las responsables también, si hay alguna) merezcan un calabozo y que tiremos la llave nadie lo discute, pero justicia, lo que se dice justicia, nunca habrá. Gente joven, gente mayor (en este país falta una generación entera), mucha gente emocionada. Una mujer me tocó el brazo y señaló hacia arriba. En una ventana había una persona con una vela encendida.
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