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¿Apoyar a Israel? ¡No en nuestro nombre!
by Revindicación Judia Global - Uruguay Tuesday, Apr. 02, 2002 at 8:18 AM
diferenciasdosdesergio@hotmail.com

Solidarios con los derechos nacionales y democráticos del pueblo palestino, rechazamos la escalada b

Por cheval

El Consejo representativo de las instituciones judías de Francia (CRIF) llama a manifestarse el 7 de abril, no sólo para protestar contra los ataques a los lugares de culto, sino para "apoyar a Israel". Cuando la limpieza militar alcanza su cenit en los territorios ocupados, ese apoyo asume una significación bien particular. Los dirigentes israelíes y los portavoces comunitarios usurpan la memoria colectiva del judeocidio y acometen una tergiversación de la herencia cuando pretenden hablar en el nombre de todos los judíos del mundo entero. Retomando la consigna de los opositores estadounidenses a las cruzadas imperiales, nosotros respondemos: "¡No en nuestro nombre!". En efecto, Ariel Sharon ha decidido, con el apoyo de Bush, aplastar la resistencia palestina, destruir sus instituciones, humillar a sus dirigentes y empujar al pueblo a un nuevo éxodo. El día de Pascua, las informaciones televisivas nos ofrecieron el espectáculo repugnante de un presidente "estadounidense", repantingado en uniforme pasando un relajado fin de semana, reclamando cínicamente más esfuerzo y buena voluntad a un Yacer Arafat asediado en sus locales, privado de agua e iluminado por velas. Ante la trágica soledad del pueblo palestino, la "comunidad internacional" rivaliza en abdicaciones y capitulaciones vergonzosas.

Los ministros laboristas israelíes ejecutan dócilmente la política de lo peor. Los dirigentes árabes no hacen nada para hacer respetar los derechos del pueblo palestino. Dispuestos a cuadrarse ante las legiones estadounidenses en nombre del derecho internacional, los dirigentes europeos se contentan con bonitas palabras mientras que las tropas de Sharon se ríen de las resoluciones de la ONU. Las almas bellas intelectuales, que se conmovieron, con razón, ante la suerte de los refugiados kosovares o de los bombardeos sobre Grozny, enmudecen sobre la suerte de los refugiados palestinos y se lavan las manos ante los muros calcinados y las ruinas de Ramallah.


Llenos de compasión pre-electoral hacia las víctimas de actos antisemitas que nada, y desde luego no el apoyo al pueblo palestino, puede justificar, nuestros gobernantes se vuelven púdicamente silenciosos ante los crímenes cometidos por las tropas de ocupación en Cisjordania. ¡Aquellos y aquellas que justificaban el derecho al retorno de los judíos a Israel, en nombre de un derecho de sangre milenario, rechazan el derecho al suelo a los Palestinos! Los dignatarios de las Naciones Unidas se acomodan a las humillaciones infligidas sobre la Autoridad palestina. Los que pretenden administrar la justicia universal giran la cabeza ante las "ejecuciones extra-judiciales" de prisioneros y demás crímenes de guerra de Ariel Sharon.


Reconocido por la Autoridad palestina y por numerosos gobiernos árabes, el hecho nacional palestino está de aquí en adelante establecido de forma irreversible. Pero una paz duradera exige el reconocimiento recíproco de los dos pueblos y una coexistencia fundada sobre derechos iguales. Los israelíes tiene un Estado soberano, un ejército poderoso, un territorio; los palestinos están arrinconados en campos desde hace medio siglo, sometidos a brutalidades y humillaciones sin número, sitiados en un territorio desolado: grande como una provincia francesa, Cisjordania está lacerada por carreteras estratégicas, acribillada por más de 700 check points, erizada de asentamientos de colonos. No hay simetría alguna entre ocupantes y ocupados.


La retirada incondicional de los territorios ocupados y el desmantelamiento de las colonias no constituirían tampoco una reparación de la injusticia llevada a cabo contra los palestinos, sino simplemente la aplicación de un derecho formalmente reconocido desde hace treinta y cinco años, desde las resoluciones 242 y 337 de la ONU hasta la resolución 1042 del Consejo de seguridad. Bush exige sin embargo siempre más concesiones y signos de buena fe a las víctimas. Sharon secuestra a sus representantes, dinamita sus casas, mientras que su ejército bloquea los socorros sanitarios. Esa política de lo peor conduce todo recto a la catástrofe no sólo a los palestinos, amenazados con un nuevo éxodo purificador, sino también al pueblo israelí, arrastrado en la espiral suicida de sus dirigentes. ¿Cuál puede ser el porvenir de un Estado fundado sobre la opresión, la injusticia y el crimen? ¿Y cuál puede ser el porvenir de un pueblo que huye de sus desgracias y sus angustias mediante una escalada asesina?


Era previsible que a fuerza de asimilar el judaísmo a la razón de Estado israelí y de presentar las instituciones judías como embajadas oficiales de Israel, se acabara tomando al pie de la letra a los aprendices de brujo del Gran Israel, lo que no hace menos odiosos e inadmisibles los atentados contra sinagogas y escuelas. Condenamos las agresiones que apuntan contra una comunidad como tal y hacen a los judíos colectivamente responsables de las exacciones cometidas por el gobierno israelí. Condenamos toda deriva antisemita de la lucha contra su política. Condenamos, por razones tanto morales como políticas, los atentados contra las poblaciones civiles en Israel. Las acciones contra las colonias y el ejército de ocupación revelan por el contrario una resistencia históricamente legítima y una defensa de derechos imprescriptibles. Hace sólo tres meses, el ministro israelí del Interior, Ouzi Landau, anunciaba en Le Monde (14 de diciembre del 2001) una "lucha a muerte" contra los palestinos, que duraría mientras estos preservasen una gota de esperanza. Esa desesperación sabiamente forzada constituye así el terreno sobre el que brota la violencia extrema.


Mientras que Sharon había prometido seguridad a los israelíes, el país se ha convertido en el espacio del mundo donde los judíos están más inseguros. Ligando la suerte de su pueblo a la guerra ilimitada contra el terrorismo decretada por George Bush, ahora se hace evidente que su política de lo peor es una máquina infernal de fabricación de kamikazes. Denunciando toda deriva racista o antisemita en Francia como en Oriente Medio, solidarios de los derechos nacionales y democráticos del pueblo palestino, rechazamos la escalada bélica y su crónica de un desastre anunciado. Exigimos la aplicación de las resoluciones de la ONU, la retirada incondicional de Israel de los territorios ocupados, el desmantelamiento de las colonias y el reconocimiento por parte de la Unión Europea de un Estado palestino laico y democrático.

Daniel Bensaïd, Rony Brauman, Suzanne de Brunhoff, Liliane Cordova-Kaczerginsky, Marc Cramer, Joss Dray, Rachel Garbaz, Gisèle Halimi, Samuel Johsua, Francis Kahn, Pierre Khalfa, Hubert Krivine, Isabelle Kzwykowski, Dominique Lévy, Henri Maler, Willy Rozenbaum, Nicolas Shashahani, Catherine Samary, Michèle Sibony, Pierre Vidal-Naquet, Olivia Zemor cofirman este texto

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1948 Antonio Friday, Apr. 02, 2004 at 2:24 AM
tete teto Friday, Jun. 20, 2003 at 2:39 AM
ISRAEL NO ES UN ESTADO TÍTERE LUCAS ORO Wednesday, Jun. 18, 2003 at 11:13 PM
No tiene sentido... Quique Monday, Mar. 03, 2003 at 12:16 AM
neocolionalismo Raul Wednesday, Feb. 26, 2003 at 1:26 PM
simplificando Emma Monday, Jan. 13, 2003 at 5:19 AM
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